Se mudó a Nueva York a los 18 años para formarse en las instituciones más exigentes del mundo. Hoy, con 24 años, Morena Galán es la integrante hispana y argentina más joven en el coro estable del Metropolitan Opera House. Su camino la ha llevado a presentarse como solista en escenarios de la talla del Carnegie Hall, Lincoln Center, New York City Center y nuestro Teatro Colón; además, su talento como compositora fue reconocido por las Naciones Unidas, donde presentó su obra orquestal en la cumbre de derechos de las mujeres.
En esta charla exclusiva, Morena recorre su camino desde sus primeras clases de canto en el Colegio, del cual egresó en 2018, hasta las luces de la Gran Manzana, y reflexiona sobre cómo la formación integral del Belgrano Day School fue la llave para su proyección internacional.

El bilingüismo como identidad
Te mudaste a Nueva York a los 18 años, sola y para estudiar en instituciones de altísima exigencia. Más allá de lo académico, ¿cómo sentís que haber crecido en un entorno bilingüe y haber transitado desafíos como el Diploma Dual te dio la confianza necesaria para que el idioma y la cultura no fueran una barrera, sino una herramienta a tu favor?
Haber crecido en un entorno bilingüe me dio algo mucho más valioso que simplemente manejar dos idiomas: me dio naturalidad en el cruce de culturas. Estar constantemente sumergida en el inglés hizo que me sintiera cómoda tanto hablando en español como desenvolviéndome en un entorno profesional y autónomo en otro país. El hecho de cursar la mayoría de las materias en inglés amplió muchísimo mi vocabulario, especialmente en un nivel más técnico y académico.
Cuando me mudé a Nueva York, a los 18 años, no sentí que estuviera “traduciendo” quién era, sino que sentía que el inglés me era tan propio como el español. Eso también hizo que, al llegar a la universidad, pudiera manejarme en un contexto exigente sin necesitar un gran proceso de adaptación.
El Diploma Dual también fue fundamental. La práctica intensiva de la pronunciación, junto con la exigencia del programa, forjó aún más mi disciplina y mi capacidad de organización y de manejo del tiempo, algo esencial tanto en la vida académica como en la artística, ya que barajaba el colegio, el diploma dual y el Teatro Colón (donde fui parte del Coro de Niños por 6 años) a la vez.
El hecho de cursar la mayoría de las materias en inglés en el colegio y también rendir exámenes como los A Levels e IGCSE amplió muchísimo mi vocabulario, especialmente en un nivel más técnico y académico.
También desde muy chica fui parte de los plays en inglés, de los recitales y de muchas formas artísticas donde se utilizaba e internalizaba el inglés, y eso marcó profundamente mi relación con el idioma. No era solamente una materia más: era actuar, cantar y transmitir en otra lengua. Esa experiencia me enseñó muy temprano que el idioma no es una barrera cuando uno lo habita con naturalidad. Me dio confianza escénica, libertad expresiva y, sobre todo, la sensación de que podía ser auténtica en cualquier contexto.
El bilingüismo no fue solo una herramienta académica: fue una base que me dio seguridad, identidad y la posibilidad de moverme con naturalidad en el mundo.



Donde empezó todo: el escenario del Belgrano Day School
El BDS tiene una tradición muy fuerte en Music & Arts. ¿Recordás alguna experiencia puntual en el escenario del colegio que haya sido significativa para vos o que haya alimentado ese deseo de dedicarte profesionalmente a la música?
Tengo tantos recuerdos artísticos del Belgrano Day School que es difícil elegir solo uno, porque sinceramente fue ahí donde empezó todo. Mi camino comenzó en la Academia de Música del colegio: empecé a tomar clases de canto y piano a los 7 años, y desde ese momento el escenario se volvió parte natural de mi vida. Si tuviera que quedarme con tres momentos, serían estos.
El primero fue mi primer concurso de canto intercolegial en el colegio. Era muy chica -una Morena diminuta- y canté “Capullito de alelí”. Recuerdo los nervios, la emoción y la sensación de estar haciendo algo que me representaba profundamente. Más allá del resultado, fue la primera vez que entendí que cantar podía ser algo más que una actividad: podía ser una vocación.
El segundo momento fue cuando canté frente a toda la primaria durante el Día de la Música. Muchos ni siquiera sabían que yo cantaba. Estaba en cuarto grado, con una guitarra casi de mi tamaño, interpretando “What’s Up” de 4 Non Blondes. Cuando terminé, todos los chicos se pararon y empezaron a gritar “¡Otra, otra!”. Esa reacción fue muy fuerte para mí. Fue la primera vez que sentí esa conexión directa e inmediata con el público, esa energía que se genera en vivo y que no se puede explicar, solo sentir.
Y el tercero fue en mi último año de secundaria, interpretando a Elle Woods en Legally Blonde. Ese rol significó un antes y un después. No solo por la exigencia vocal y actoral, sino también porque implicaba sostener un personaje complejo, con humor, vulnerabilidad y fuerza, durante toda la obra. Ahí confirmé que quería dedicarme profesionalmente a esto. Ya no era solo disfrute: era compromiso, disciplina y amor por el trabajo artístico.
Mirando hacia atrás, veo que el colegio me dio herramientas técnicas, además de escenarios donde descubrir quién era arriba de ellos. Y esa sensación, la de estar exactamente donde tengo que estar, es la misma que hoy me acompaña cuando piso el escenario del Metropolitan Opera.



El consejo para los nuevos protagonistas
Sos un ejemplo inspirador para los alumnos que hoy están en las aulas del BDS soñando con carreras artísticas o internacionales. ¿Qué les dirías a esos estudiantes?
Incluso sabiendo desde siempre que quería ser cantante, nunca dejé de aprovechar todo lo que el colegio tenía para enseñarme en todas sus áreas. Desde idiomas hasta ciencias, todo suma para hacerte una persona versátil. No se trata solo de ser un artista completo, sino de ser una persona completa.
Hoy me doy cuenta de que no estoy acá solo por poder cantar. Estoy también gracias a que hablo varios idiomas, me siento totalmente cómoda en inglés, sé cómo comunicarme en ámbitos profesionales y sé cómo presentarme con constancia y disciplina todos los días a hacer mi trabajo. Esa preparación integral es lo que permite que una carrera artística tenga un futuro prometedor.
También es fundamental aprovechar los recursos del colegio y a los profesores, quienes supieron ver y fomentar mi pasión por las artes. Tuve una gran profesora, Viviana Liatis, quien desde un principio me impulsó y apoyó a seguir este camino. Encontrar profesores y mentores que reconozcan y potencien nuestras pasiones es fundamental.
A su vez, ser parte del coro, de las obras de teatro, de los recitales o de la orquesta, y conversar con mentores que apuesten por su potencial, puede marcar una diferencia enorme.
Otra cosa que vale recalcar es que no vengo de una familia de músicos. Encontré mi pasión casi por accidente y tuve que trabajar muy duro para abrirme camino. Por eso les diría a los estudiantes: estudien, prepárense y presten atención también a ese lado artístico o cualquier pasión que los mueve, incluso si no nació en su entorno familiar. Con mucha dedicación, disciplina, amor por lo que hacen y un objetivo claro, todo es posible.
Mi sueño empezó en una clase de canto en el Belgrano Day School…

El sello del Belgrano Day School
A la distancia, y ya con una carrera consolidada en Nueva York, cuando pensás en tu etapa escolar en el BDS, ¿cuál es la primera imagen o valor que te viene a la mente como parte de tu identidad?
Pienso en el nivel de esfuerzo y preparación que requería cada actividad. Me preparaba para una vida de exigencias, para ser versátil y capaz de desarrollarme en diferentes áreas. Aprendí que no alcanza con ser excelente en canto: para ser un artista completo, primero tenés que ser una persona completa.
Si tuviera que resumirlo en un valor, diría que el Belgrano Day School me enseñó la importancia de la constancia y la apertura: nunca dejar de aprender, de probar, de entrenarte y, sobre todo, de disfrutar lo que hacés. Esa combinación de disciplina, esfuerzo y pasión sigue siendo el núcleo de mi identidad.
Un sueño que empezó en el Belgrano Day School
La trayectoria de Morena Galán es el testimonio de una formación que entiende el bilingüismo y el arte como puentes hacia una mentalidad global. Ver a aquel sueño que comenzó en una clase de canto del Belgrano Day School resonar hoy en lo más alto de la lírica mundial, nos reafirma en nuestra misión de formar personas íntegras, creativas y capaces de habitar cualquier escenario del mundo. ¡Gracias, Morena, por representar con tanto orgullo nuestra identidad en todas partes!













